viernes, 17 de junio de 2016

El medicamento, desde sus comienzos en sus formas rudimentarias y poco elaboradas en relación a lo que actualmente tenemos, siempre ha cumplido un papel muy importante dentro de la terapia y el tratamiento de problemas y enfermedades que aquejaban a las personas. Siempre se ha sabido que no son sustancias inocuas, pero que utilizadas adecuadamente podían generar un bien mayor que el daño posible que podían causar. Sin embargo, también se sabía que muchas plantas y hierbas que se utilizaban con un fin terapéutico podían generar algún daño en el organismo que podría ser muy severo dado el mal uso que se le daba. Hoy en día no es la situación no es diferente a lo que se acaba de mencionar. Se generan medicamentos, y se invierte en investigación para poder encontrar nuevos medicamentos, con el fin de poder generar los mejores efectos terapéuticos que se pueda, y además buscando no generar un daño que supere al beneficio que la terapia con ese medicamento pudiera generar. Todo médico sabe muy bien que el uso de cualquier medicamento tiene riesgos asociados en una terapia determinada, sin embargo, en la recomendación del empleo de un medicamento en vez de otro para la terapia del paciente, el médico está considerando y responsabilizándose por el costo y el beneficio que ese tratamiento pudiera conllevar. Los medicamentos son sustancias químicas como tales, y como sustancias químicas que son, pueden reaccionar químicamente con otras sustancias y/o moléculas, provocando daño o beneficio después de haber generado dicha reacción química. La función de un medicamento es la de alterar el funcionamiento del organismo, y eso es algo que debe ser informado tanto a los médicos como al mismo paciente. El solo hecho de que una sustancia tenga la capacidad de poder alterar el normal funcionamiento del organismo, a cualquier nivel, ya en sí significa un riesgo a considerar, y ¿porque puede significar un riesgo a considerar?, porque si una sustancia química tiene la capacidad de poder alterar el funcionamiento de un individuo, en una persona enferma esa modificación puede ser beneficiosa, ¿pero sería beneficiosa en personas sanas?, cuando el medicamento altera el funcionamiento del sistema, hay que tener en claro que el medicamento es una sustancia, no un ente o ser vivo pensante, por ende, el efecto que produce su naturaleza terapéutica, no tan solo va a afectar a la zona que se pretende corregir para que retome su normal funcionamiento, sino que va a ejercer su misma acción terapéutica en todo el cuerpo, incluyendo partes sanas de nuestro cuerpo, y es ahí donde hay que tener precaución.

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